CONCLUSIONES UNIVERSIDAD DE INVIERNO: ALIANZAS Y OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE.

Fecha: 7,8 Y 9 de febrero de 2018.

Lugar: Universidad de Alicante, Sede de Alicante, calle San Fernando.

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A lo largo de los tres días que duró la Universidad de Invierno “Alianzas y Objetivos de Desarrollo Sostenible” pudimos valorar, desde distintos puntos de vista y ámbitos de acción, cuál está siendo la influencia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el trabajo de organizaciones y sociedad civil, pero también en el de los gobiernos y agencias internacionales.

La Agenda 2030, en la que se incluyen los ODS, recoge lo aprendido durante el periodo de vigencia de los antiguos ODM e introduce además nuevas dimensiones, relativas a temas oportunos y necesarios como la sostenibilidad ambiental, la reducción de la desigualdad o la inclusión del sector privado como sujeto activo en este proceso de cambio.

Durante el primer día de estas jornadas, conocimos de primera mano cuál es el nuevo enfoque de los ODS: un “movimiento global y local”, decía Gabriel Ferrero y de Loma-Osorio, “que sobrepasa lo político y lo técnico”. Fundamentalmente porque su concepción no fue el resultado de una negociación, sino fruto de años de esfuerzo, mediante cumbres, eventos y avances teóricos. Pero también porque responde a los retos de todos los países y no sólo al de unos cuantos. Gabriel decía que hay que entender la agenda como un pacto social internacional, “se trata de una declaración de interdependencia”, añadía él. Una visión que, por desgracia, choca de frente con algunos discursos actuales que enaltecen el individualismo de estado.

Es importante resaltar que este instrumento, aun volviendo a quedarse, como muchos criticábamos de la Agenda anterior, en meros compromisos sin repercusiones legales, nosotros sí podemos utilizarlo como herramienta de trabajo. Anteriormente, los ODM pecaban de una falta de traducción técnica con la que medir más minuciosamente los indicadores. Esta nueva agenda incorpora esta idea como algo primordial. La importancia de medir nuestros resultados y nuestra participación, como Estados miembros, pero también como instituciones y como organizaciones de base. Debemos aprovechar este consenso porque una de las cosas más importantes en las que podemos avanzar en este momento es en la creación de conocimiento. Y esto sólo se conseguirá tomando datos, comparándolos, midiéndolos, investigando y reflexionando sobre lo hecho y lo que queda por hacer. Los ODS no son grandes eslóganes o frases generales en las que podemos incluir todo lo que hacemos: cada meta y cada indicador es un elemento muy complejo. Si realmente queremos incluirlos en nuestros proyectos y actividades, debemos estudiarlos con detenimiento y tomar consciencia de lo que hay detrás.

Del mismo modo es destacable, como se mencionaba en esa primera conferencia, una diferencia sustancial de esta nueva Agenda, la relevancia que toma el medioambiente en las metas que queremos alcanzar. Los conflictos medioambientales, así como el problema de las desigualdades de género, son estructurales y forman la base de la pobreza y las desigualdades en el mundo. Los grandes capitales no existen si no existe un planeta que destruir y recursos que explotar. Y las consecuencias de esta explotación la sufren millones de personas en el mundo. Es aquí donde debemos darnos cuenta, quienes vivimos en países del norte, que también estamos en esta rueda y que también tenemos poder, como consumidores y como responsables de nuestros actos. “El consumidor es el responsable más olvidado y el último en ser mencionado”, decía Marlene Perkins, coordinadora de UNICEF en la CV, y por tanto hay una necesidad de asumir la corresponsabilidad individual. Esto quedaba bastante claro en el magnífico taller de Juanjo Martínez, de Intermon Oxfam, donde nos explicaba su trabajo en torno al comercio justo y la producción de café. El comercio justo lleva implícito muchos de los ODS en su propio ciclo de trabajo, pero también, desde su concepción, critica las formas tradicionales de explotación de recursos en el mundo y nos enseña nuevas maneras o caminos que tomar como alternativas al neoliberalismo imperante.

También tuvo lugar, durante estas jornadas, un taller muy interesante de cartografía social, en él se comprobó cómo es posible crear alianzas entre organizaciones de base, entidades locales, gobiernos e instituciones. Esto es clave, en primer lugar, porque debemos aprender a unir esfuerzos y aprovechar los avances de todos los actores. Por otro lado, en muchos países la dimensión política no garantiza el cumplimiento de las metas o los objetivos que con la Agenda se quieren alcanzar, y en estos casos las organizaciones de base son las que llevan muchos años haciendo un trabajo muy duro y relevante no sólo mediante acciones, sino también en la acumulación de conocimientos, mediante la creación de informes, la recopilación de datos y la investigación de campo. Estas organizaciones no fueron consultadas ni tenidas en cuenta para la creación de los ODS, aunque todos podemos reconocer que en algunos países el trabajo que han hecho es innegable. Es por ello que debemos poner en valor este trabajo y contar con ellas en la consecución de las metas, porque gracias a ellas se ha conseguido un gran avance en la investigación y en la creación de conocimiento común.

Durante la segunda jornada, se llevó a cabo una mesa redonda en donde expertos de diferentes ámbitos hablaban de pobreza infantil y sus implicaciones. Modesta Salazar, ilustraba mediante el círculo económico y de salud la relación directa entre la pobreza y la salud infantil, pero también hacía hincapié en la doble desigualdad que sufren las niñas, al llevar a cuestas la discriminación de género. En este sentido, es importante volver a señalar que las desigualdades de género son estructurales y afectan a todos los ámbitos de nuestra vida. La acumulación de capital y la explotación de recursos han sido tradicionalmente creadas por un sistema patriarcal cuya explotación trasciende de lo material a lo físico, a lo psicológico y a una necesidad imperante de dominación del hombre sobre la naturaleza y sobre la mujer. Esto es muy importante porque se traduce en desigualdades laborales, económicas, en la crisis de los cuidados, en la doble o triple carga que sufren las mujeres al estar encargadas del ámbito familiar como únicas responsables, y en tantas otras desigualdades, no sólo en los países del sur, sino en nuestro entorno más cercano.

En esta mesa se trataron otros temas como el trabajo infantil y algunas otras experiencias como las relatadas por Irene Bajo García o José Miguel Soriano, que demuestran una vez más la importancia de crear alianzas con los actores locales desde el primer momento, necesarias para comprender mejor la realidad local y el contexto de trabajo, y que además son clave para establecer una relación sana que facilite la apropiación de los proyectos por parte de las comunidades que los reciben, lo que indudablemente contribuirá a que estos proyectos sean más sostenibles.

Alianzas también son los partenariados y la coordinación entre agencias, respetando el principio básico en la gestión de proyectos que dice “no dupliques recursos, intégralos”. La Agenda 2030 es el gran proyecto común para los próximos doce años, pero las necesidades y las carencias son muchas y los recursos muy limitados. Los ODS son la hoja de ruta que va a contribuir a que todos los actores implicados trabajen en la misma dirección. Coordinar acciones no es sencillo, la necesidad de las ONG y agencias de desarrollo por competir por el apoyo de los donantes privados dificultan la cooperación inter-agencia. Por ello, no solo debemos pensar en partenariados entre grandes instituciones internacionales y agencias del tercer sector. Alianzas imprescindibles son aquellas que contribuyen a la creación de redes y al fortalecimiento de las estructuras locales.

Un proyecto exitoso en una comunidad determinada aumenta considerablemente de valor si es compartido e integrado en red creando sinergias y maximizando el aprovechamiento de recursos, contribuyendo, como reza el lema de Naciones Unidas, a “no dejar a nadie atrás”. Así, Sergio Moratón Soler, de la fundación Vicente Ferrer, explicaba el magnífico trabajo que esta fundación viene desarrollando y hablaba del papel de cada actor. Distintas organizaciones se centran en tareas concretas, de acción o de denuncia, aunque todas tienen algo en común: generar conocimientos e incluir la investigación y la toma de datos de manera transversal.

Por otro lado, Carlos Gómez Gil compartió su profunda revisión de los microcréditos, cuyos beneficios fueron públicamente alabados durante años y que, sin embargo, posteriores evaluaciones objetivas demostraron que estos proyectos son no sólo inútiles sino completamente contraproducentes en la lucha contra la pobreza. Vuelve a destacar la importancia de evaluar las acciones y los proyectos para tomar decisiones reflexionadas y coherentes. En España, señalaba Carlos, no existe casi información al respecto de los microcréditos, a pesar de que gran parte de la ayuda destinada a cooperación desde los años 80 ha ido a parar a estos proyectos. En este sentido, también es importante generar este conocimiento para poder reclamar, exigir y, por tanto, interpelar a nuestros gobiernos y a nosotras y nosotros mismos a la acción.

Debemos también reflexionar sobre el avance del neoliberalismo y sobre el papel de la cooperación en la difusión de prácticas propias de este sistema, como la bancarización de nuevos sectores de población o la incorporación de éstos al sistema financiero, sin protección, endeudándolos y convirtiéndoles en culpables de su propia miseria a la vez que se destruye el compromiso de los gobiernos para con ellos. Estas son algunas de las consecuencias, como lo son también el aumento de la economía informal, que resta capital a las industrias y, en última instancia, al Estado que desprovee de servicios básicos a sus ciudadanos.

La revisión de este tipo de experiencias nos invita a ser cautos a la hora aceptar los discursos de nuestros gobernantes, incluso si son fruto de tratados internacionales.

¿Cómo pueden los mismos gobiernos que firman los ODS, comprometiéndose a trabajar por un mundo más solidario, equitativo y ambientalmente sano, a la vez estar negociando un acuerdo de libre comercio norte-norte, como es el TTIP, que no solo supondrá un paso atrás en la protección del medio ambiente y la salud pública, sino que dificultará más las condiciones de los países del sur para acceder a los mercados del norte?

Estas negociaciones no parecen estar teniendo en cuenta la inclusión de políticas transversales orientadas a alcanzar los ODS. El objetivo 17, por ejemplo, trata sobre mejorar la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur, promover el comercio internacional y ayudar a los países en desarrollo para que aumenten sus exportaciones. El TTIP, sin embargo, favorecerá las transacciones entre los mercados del norte endureciendo por otro lado las condiciones para los mercados del sur.

Otra de las lecciones aprendidas, en este caso con los ODM, es que debemos ser prudentes también con nuestras expectativas, ya que sabemos que no todos los gobiernos asumen este pacto internacional con la misma seriedad y dedicación.

Los ODM fueron muy criticados en su momento por su falta de ambición y por abusar de la generalización. Sin embargo, independientemente de si las metas marcadas eran cómodas o poco ambiciosas, hay que reconocer que hubo éxitos: como la reducción de la mortalidad infantil, el acceso a la educación o los avances en la prevención y tratamiento del VIH. Por otro lado, no fuimos capaces de atender como nos habíamos propuesto a cuestiones como la mortalidad materna y neonatal, la malnutrición infantil, o la igualdad de género, donde hay aun un largo camino por recorrer.

Gonzalo Fanjul hablaba, en la última jornada, y en relación a las políticas de migraciones de la UE, de “aguantar las líneas”. Existen ya una serie de acuerdos y tratados internacionales que deberían contribuir enormemente a la consecución de los objetivos pero que, sin embargo, se eluden o son directamente ignorados sistemáticamente por muchos países, hasta que eventualmente quedan desfasados. Es por ello que no hay que perder de vista que, al fin y al cabo, la cooperación forma parte de las políticas exteriores de los países y, por tanto, de sus intereses. En este sentido, debemos hacer autocrítica y abordar la cooperación como una herramienta para la consecución de derechos fundamentales por el simple hecho de ser innegables a todos y todas, y no por mandato de gobiernos o con trasfondos políticos. Y a la vez combatir ciertos mitos y eslóganes que miran a la cooperación como una forma de caridad en lugar de como un medio de redistribución de recursos.

Estas nuevas visiones participan de un nuevo paradigma en el que, como mencionaba Marlene Perkins, ya no entendemos a las niñas y niños como receptores de ayuda y cuidados, sino como sujetos de derecho. Y en el que, como añadía Modesta Salazar, tenemos que entender la cooperación como una forma de “justicia social”.

Se reunieron en este espacio temáticas e intereses compartidos. Se escucharon opiniones diversas y a veces contrapuestas. Las bondades y virtudes de “una agenda universal transformadora e integradora”, incompatibles con una agenda excluyente y marginadora pensada para promover el desarrollo de los mercados en el norte global.

Los participantes se acercaron con inquietudes y conocimientos diversos y lo mejor que podían llevarse al terminar estas jornadas es una visión más amplia, con mayor perspectiva, de la cooperación en el nuevo marco de la Agenda 2030. Así como la motivación de saber que somos muchos trabajando por el cambio/desarrollo desde diferentes ámbitos, como la academia, el activismo, las organizaciones de base social o simplemente como ciudadanos y consumidores que entienden ahora un poquito mejor el sistema mundo y nuestra inevitable “inter-dependencia”.

 

Autores: Carolina y José Moyano, relatores de las jornadas.